jueves, 26 de abril de 2012

TEORÍA DE LA COMPLEJIDAD Y PENSAMIENTO COMPLEJO. LA OBRA DE EDGAR MORÍN



            La exploración de los nuevos mundos de la cibernética, de la física quántica  puso a Morín en contacto con las teorías del caos y de la interconectividad de los diferentes elementos del cosmos. La biología lo dotó de nuevos esquemas mentales para entender el mundo de los vivos y para comprender al mismo hombre. Por consiguiente,  la realidad no es simple son muchos los elementos de que consta, los cuales no están aislados sino interconectados,  incluso entre un elemento y otro los límites son borrosos.
            El  pensamiento  complejo de Morín, significa para las ciencias sociales un aporte metodológico, por la incorporación de la transdisciplinariedad, la multidimensionalidad  y  lo  que se ha  llamado doble dialecticidad. Estas claves metodológicas, constituyen aspectos epistemológicos importantes, el pensamiento complejo puede referenciarse como la ciencia, después del fin de la ciencia. Los autores y corrientes que influyen el pensamiento moriniano, van de las ciencias formales y experimentales, a las ciencias sociales.
           
            En tal sentido, el mismo autor plantea superar el pensamiento simplificador, es decir, aquel que se vincula ciegamente a un sistema de conocimiento para comprender al mundo sin ser capaz de ir más allá de los límites que a sí mismo se impone, este pensamiento es unidimensional y simplista. Cabe destacar, que en el pensamiento llamado simplificador se pueden distinguir cuatro principios básicos como son la disyunción, la reducción, la abstracción y la causalidad.  En cambio, en el pensamiento complejo se plantea la heterogeneidad, la interacción y  el azar;    todo objeto del conocimiento  cualquiera que sea, no se puede estudiar en sí mismo, sino en relación con su entorno; precisamente por esto, toda realidad es sistema, por estar en relación con su entorno.

            Es por ello, que el pensamiento complejo es capaz de unir conceptos que se rechazan entre sí y que son desglosados y catalogados en compartimentos cerrados por el pensamiento no complejo. No se trata de rechazar lo simple, se trata de verlo articulado con otros elementos, es cuestión de separar y enlazar al mismo tiempo. Se trata pues, de comprender un pensamiento que separa y que reduce junto con un pensamiento que distingue y que enlaza. 

            Es de hacer notar, que  la complejidad parece primero desafiar el conocimiento y, de algún modo, producir una regresión,  cada vez que hay una irrupción de complejidad precisamente bajo la forma de incertidumbre, de aleatoriedad, se produce una resistencia muy fuerte. Hubo una resistencia muy fuerte contra la física cuántica, porque los físicos clásicos decían que es el retorno a la barbarie, no es posible situarse en la indeterminación cuando desde hace dos siglos todas las victorias de la ciencia han sido las del determinismo. De allí, que ha sido necesario el éxito operacional de la física cuántica para que finalmente, se comprenda que la nueva indeterminación constituía también un progreso en el conocimiento de la misma determinación.

            Es importante señalar,  que los problemas de organización social sólo pueden comprenderse a partir del  nivel complejo de la relación parte-todo. Aquí interviene la idea de recursión organizacional que, es absolutamente crucial para concebir la complejidad de la relación entre partes y todo. Las interacciones entre individualidades autónomas, como en las sociedades animales o incluso en las células, puesto que las células tienen cada una su autonomía, producen un todo, el cual retroactúa sobre las partes para producirlas. Dicho de otro modo, las interacciones entre individuos hacen la sociedad; de hecho, ésta no tendría ni un gramo de existencia sin los individuos vivientes. No obstante, la sociedad misma produce los individuos o, al menos, consuma su humanidad suministrándoles la educación, la cultura y el lenguaje.

            En los tiempos actuales la educación tiene mucho que decir y hacer, como formación humana, instrucción del pensamiento  y dirección de los sentimientos, ante la necesidad de dar respuesta a los desafíos del siglo XXI,  como lo es el de crear hombres con ciencia y con conciencia así como desarrollar una cultura que le permita  ser capaz de enfrentar la globalización neoliberal. La educación como formación humana, en los momentos actuales, está urgida de cambios, para Morín se debe reformar el pensamiento en general y sus paradigmas si se quiere revertir el pensar educativo y sus estrategias. Se deben cambiar las estructuras existentes no sólo de pensamiento, sino en plena conjunción con la práctica social y sin perder el sentido cultural en que toma cuerpo y se despliega como sistema complejo. 

            En este orden de ideas, se  destaca que la educación pensada desde la complejidad  es imposible sin una reforma del pensamiento, que haga de ella un verdadero proceso de aprehensión del hombre como sujeto complejo que piensa, siente, conoce, valora, actúa y se comunica. Razón por la cual, para revelar la complejidad del hombre hay que asumirlo con sentido cultural, es decir, en su actividad real y en la praxis que lo integra a la cultura; la cual como ser esencial del hombre y medida de ascensión humana no sólo concreta la actividad del hombre en sus momentos cualificadores, sino que da cuenta del proceso mismo en que tiene lugar   el devenir del hombre como sistema complejo.
           
            Se evidencia en los planteamientos de Morín,  que la teoría de la complejidad y el pensamiento complejo no intenta en modo alguno constituirse en método único, sino captar la realidad como sistema complejo, en sus diversas conexiones, mediaciones y   condicionamientos. Es por ello, que no establece relaciones antitéticas entre orden y caos, incertidumbre y certidumbre, entre las partes y el todo. De igual forma, admite la racionalidad, pero se opone a la racionalización que simplifica, reduce y no aprehende la realidad en su contexto y complejidad.

            Es oportuno señalar,  que la necesidad del pensamiento complejo no puede más que imponerse progresivamente a lo largo de un camino en el cual aparecerán, ante todo, los límites, las insuficiencias y las carencias del pensamiento simplificante,  es decir, las condiciones en las cuales no se puede eludir el desafío de lo complejo. Será necesario, finalmente, ver si hay un modo de pensar, o un método, capaz de estar a la altura del desafío de la complejidad. No se trata de retomar la ambición del pensamiento simple de controlar y dominar lo real. Se trata de ejercitarse en un pensamiento capaz de tratar, de dialogar, de negociar, con lo real. 

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